domingo, 7 de octubre de 2012

La Virgen que se quiso venir con nosotros.

Ntra. Sra. del Pilar // A. CABRERA
Antonio Cabrera Rodríguez. No siempre los hechos humanos son fruto de la casualidad. Al menos, esa es la conclusión a la que he llegado tras comprobar, una vez más, que hay imágenes que tienen alma.
Alma del que la hizo, alma de los que la tuvieron en su morada, alma de los que le rezaron, alma de los que…

Tras ver a la Virgen en su Basílica del Pilar, nos dispusimos a visitar la catedralicia Seo de Zaragoza, uno de los valiosos ejemplos del mudéjar aragonés. Pero no, un empleado con uniforme no nos dejó pasar, ya que en dicho templo se tenía que celebrar la misa dominical.
Ante el contratiempo, y disponiendo de treinta minutos para incorporarnos a la expedición, dispusimos recorrer los alrededores y nos topamos con un rastrillo de objetos antiguos, compendio de sentimiento y arte muchos de ellos, que los tiempos, el desinterés y tal vez, la necesidad hicieron que se encontraran en aquella placeta.



Mercado Popular de
Zaragoza // A.CABRERA
Cámaras fotográficas viejas, cuadros, relojes, espejos y un sinfín de cosas más. Muchos de ellos inservibles para algunos y valiosos para otros.
Era domingo y día soleado. Había mucho público y se oía su murmullo con el fondo del Adagio de Tomaso Albinoni interpretado por el violín de un músico pobre.

Habíamos terminado nuestro recorrido. Nuestro tiempo se había acabado y en el último puesto, debajo de los muros mudéjares de la Parroquieta zaragozana, se encontraba callada y paciente. Humilde sobre una manta en el suelo y seguramente, lampando por una salve, nuestra Virgen. O que sé yo, tal vez, deseosa de que aparecieran unos nuevos dueños que la llevaran a un hogar, como si de un ser vivo abandonado se tratara.
- ¿Cuánto?
- 25 euros.
- No, 15.
- No, no, 20.
- No, 15.
- 18 y no se hable más.
Réplica adquirida y protagonista del micro-
relato // A. CABRERA

¡Vale! Contestó una tercera voz, que interrumpió la breve conversación entre el mercader vendedor y la dama compradora.
¡Venga que tenemos prisa! Le dio un billete azul de 20 euros y le devolvió una moneda de 2, más una bolsa de plástico verde con una imagen de la Virgen del Pilar gris plata sobre columna de mármol jaspeada con aplicaciones de metal.

No estaba previsto visitar el zoco popular. Deberíamos de haber entrado en la famosa Seo. Deberíamos de haber pasado por delante de aquel puestecillo primero, convertido en último después, sin pararnos, ya que lo habíamos visto antes. Deberíamos de haber estado –en ese momento- en el lugar convenido, porque se agotó nuestro tiempo. Deberíamos de haber tomado una cerveza. Deberíamos de… Pero no, porque allí estaba una Virgen con alma, que se quería venir a Utrera.

Sí, una Virgen con el alma del que la hizo, de los que la tuvieron en su morada, de los que le rezaron, de los que la vendieron, de los que ganaron unas perrillas con Ella y ahora, con el alma de los que de nuevo le han dado una casa donde estar.
Por eso, no siempre los hechos humanos son fruto de la casualidad, así como, no se me cae de la cabeza de que ésta es la Virgen que se quiso venir con nosotros.

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